Un encaje de olas blancas – Los últimos de Filipinas

Un encaje de olas blancas
por las noches relucía.
En mi playa La Victoria,
toda ella iluminada.
Bellas noches de turismo,
¡que esplendor de hostelería!,
empetaos los chiringuitos,
la marea a pleamar.
Esa alegría de nuestro Cádiz que no se pierda,
pero sorprende y me pongo triste si al escuchar
que algún listillo le está diciendo a nuestra alcaldesa
que a La Caleta y su escollera hay que alumbrar.
Alcaldesa de Santander
es probable no sepa usted
que en nuestra Caleta
rompen en plata todas las olas.
No la vayan a iluminar,
déjenla con su oscuridad,
porque es necesario,
para que por las noches
las caracolas se vuelvan lolas.
No le vaya a encender la luz
cuando el cielo rojo de atardeceres
después de siglos se vuelva azul.
No se deje usted engañar
y vaya al puente canal
que se sentirá feliz.
Observe la bajamar,
las pozas reflejarán
destellos de luz de plata
y es que la luna
todas las noches se enjuaga allí.

Rafael Pastrana Guillén y José Ramón Zamora Cabeza
“Los últimos de Filipinas” 1998
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Gran coro del año 1998, 2º premio, que mejor manera de comenzar porque era su primer año, aunque juntos porque por separado habían hecho grandes cosas. El comienzo de una saga que cuenta con tres primeros premios en tan pocos años.

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