La semana de… Antonio Martín (III)

En 1978 Antonio Martín vuelve a componer para una agrupación de la provincia, en este caso para El Puerto de Santa María, junto con Manuel Ariza. La comparsa se llamó ‘Los arrabaleros‘.

Se trata de una buena comparsa que no pudo hacer más que conseguir un segundo premio debido al auténtico pelotazo que supuso la comparsa que Los Majaras sacaron ese año, ‘Raza mora’, que se alzó con el primer premio provincial. Mientras, en el carnaval de Cádiz, Pedro Romero volvía a ganar con ‘Los tribunos’ y Luis Ripoll conseguiría el segundo con ‘Los golfos’.

Al año siguiente volvió a escribir para una comparsa de San Fernando, ‘Los Charles River’, junto a Alfonso Quirós, consiguiendo un tercer premio provincial por detrás de ‘Hombres del campo’ (primer premio) de Enrique Villegas de Chiclana y ‘Cantares’ (segundo premio) de los Majaras del Puerto.
No obstante, ese año también escribió para una comparsa de Cádiz llamada ‘Ángeles y demonios‘ que mantuvo una enorme lucha carnavalesca con ‘Navegantes gaditanos’ de Pedro Romero y Aurelio del Real que se saldó con un empate técnico, es decir, que ambas fueron condecoradas con el primer premio de la modalidad. De esta comparsa destacan el pasodoble dedicado al andaluz o este donde hace alusión a su pasodoble de ‘Los mayordomos’, ya que el tanguillo no solo no se está perdiendo sino tomando fuerza.

El tanguillo gaditano
se pierde y es una pena,
esa letrilla sincera yo canté,
yo canté…
El cantecillo gitano
que nació por nuestras venas
y le juro muy de veras
que en sus tiempos lamenté.
Pero al cabo de los años
al ver que está resurgiendo,
solo queda, qué remedio, claudicar
y decir muy felizmente
qué suerte rectificar
pues ya te cantan los chiquillos,
por las plazuelas hay tanguillos.
Ya te prefieren los mayores
a otro tipo de canciones,
todos te brindan un ole,
rey del folklor.
Y otra vez cantaré
que si bajaran del Cielo
los que al tango dieron vida,
igual que dije ayer,
se morirían de nuevo
pero ahora de alegría
al oír, no es pasión,
de esta forma que cantáis
los coristas gaditanos, vive Dios,
por las calles de mi tierra
que hasta el cielo tiembla
el tanguillo de Cai.

Si en 1979 consiguió alcanzar la gloria, al año siguiente le tocó ver la otra cara del carnaval, ya que por primera vez una agrupación de Antonio Martín quedaba fuera de la final. Conjuntamente con otras agrupaciones que no pasaron a la última noche, ‘Caleta‘ cantó en la escalera de la facultad en un hecho histórico. Aunque la historia da a cada agrupación el sitio que merece y ‘Caleta’ ha dejado para la historia coplas como el piropo a la playa que le da nombre y, sobre todo, la presentación, que sonará en cada una de las actuaciones de su comparsa hasta su retirada y más allá como uno de los himnos del carnaval.

En 1981 vuelve a la final con ‘Charlatanes de feria‘ consiguiendo el tercer premio tras el segundo premio de ‘Los hijos de la noche’ de Enrique Villegas y el primer premio de ‘Pregones’ de Pedro Romero y Emilio Álvarez.

Al año siguiente volverá a sacar una de esas presentaciones que se recuerdan, la de ‘Voces negras‘, que quedó de nuevo en tercera posición siendo primer premio Joaquín Quiñones y Aurelio del Real con ‘Dioses del Olimpo’ y segundo premio ‘Los pimpis de Cádiz’ de Antonio Busto.

En 1983 volvió a ser protagonista de otra batalla de coplas histórica. En ese año quedó en cuarto lugar ‘Los comuneros’ de Enrique Villegas, en tercer lugar ‘Los jinetes de la Pampa’ de Manolo Varo de Barbate. La disputa vino entre el primero y el segundo, una comparsa clásica y otra vanguardista, una de Antonio Martín y otra de Quiñones-Aurelio. ‘Robots’ era la sucesora de ‘Dioses del Olimpo’, dirigida por Pepe el Caja y con componentes históricos como Catalino o Caracol, y era una comparsa de corte moderno para la época y toque futurista. ‘Agua clara‘, en cambio, era la comparsa más pura y más tradicional. Estuvo muy igualada la balanza, aunque finalmente se inclinó a favor del clasicismo de la comparsa de Martín y ‘Agua clara’ se alzó con el primer premio.

Me viene a la mente
como si lo viera,
como si lo viera,
Calle San Vicente,
donde yo naciera,
donde yo naciera.
Plaza la Cruz Verde,
corazón del barrio,
corazón del barrio,
canastillo a cuesta
pasaba a diario,
pasaba a diario.
Y allí estaba yo
entre el corrillo de los niños
mientras tú me contemplabas,
mare, ay mare.
Y triste de mí,
que nunca supe del cariño
que encerraba tu mirada,
de esos suspiros del alma,
de esos besos que me dabas.
El día que el destino me apartó
de tu regazo me sentí solo
y a pesar que otra mujer me da su amor,
cuántas noches recordándote te lloro.
Por eso hoy vuelvo a ese mismo rincón
con mi infancia perdía.
Ay, calle San Vicente,
placita la Cruz Verde
regrésame a esos días
pa devolverle con el corazón
ese beso de amor a la mare mía.

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